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Alrededor de 1.300 personas en toda Latinoamérica mueren al día víctimas de armas de fuego, según ha denunciado el Centro de Estudios Sobre Política Criminal y Seguridad, con sede en Santiago de Chile.
“Las personas se arman para defenderse supuestamente”, dice a Tiempos del Mundo la directora de la Red Internacional de Acción sobre Armas Pequeñas (Iansa, por sus siglas en inglés), Rebecca Peters. “Sin embargo, las estadísticas exponen otra realidad y ya hablamos de 80 millones de armas de fuego en la región.”
Brasil, Colombia, México, y Centroamérica tienen los más altos índices de homicidios y de violencia armada, según informó Peters. Entre las justificaciones, suelen citarse el fenómeno de las pandillas, el narcotráfico la delincuencia organizada y los altos índices de accidentes.
Latinoamérica cuenta en la actualidad con el promedio más alto de crímenes, entre 4 a 5 veces más que en el resto del mundo. “El impacto sobre la economía está calculado en más de 100 millones de dólares.”
La amenaza en sí radica en el hecho de que más personas están armadas cada día. Como muestra Peter Batchelor, jefe de la Unidad de Armas Ligeras y Desmovilización del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (Pnud), de 600 millones de armas que circulan en el mundo, el 60 por ciento de ellas está en manos de civiles. “Esto representa la amenaza individual más grave para el desarrollo humano”, apuntó.
El tema tampoco está relacionado a la guerra. Batchelor agrega que en países en los que no hay conflictos armados, entre los que mencionó a Guatemala, Honduras, El Salvador, Sudáfrica y Brasil, las tasas de homicidio son más elevadas que en Colombia, pese a la grave y prolongada violencia interna que allí se vive.
Recalcó que para solucionar el problema no son suficientes los programas de recolección de armas si éstos no están acompañados de otras medidas para ofrecer alternativas a los grupos inmersos en la violencia.
Sostiene que es necesario abordar los factores estructurales de la violencia, que en general suele estar relacionada con la exclusión de los jóvenes, el comercio de drogas y el fracaso escolar.
Para el secretario general de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso), Francisco Rojas, el tráfico de armas pequeñas y livianas debe concebirse como una fuente de desestabilización de los sistemas políticos democráticos.
Advierte que el peligro surge por su relación con otras acciones ilícitas y las dificultades que impone sobre la acción del Estado, lo que abre mayores oportunidades de operación a las redes ilícitas.
La inacción del Estado también es responsable, coincide el consultor del Instituto Guatemalteco para el Desarrollo y la Paz, (Igedep), Guillermo Pacheco, quien aseguró que ni las mismas autoridades conocen la dimensión real del problema. “Guatemala tiene registrado un poco más de 100.000 armas, pero en realidad la cantidad es mucho mayor.”
Agregó que Centroamérica puso fin a mucho tiempo de conflictos armados, pero las autoridades no han sido capaces de poder recuperar las armas utilizadas por las guerrillas, lo que dificulta más el control. Las empresas privadas de seguridad también figuran como otra manera de armar a la población.

Fuente: tdm